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Los ganadores del Luxembourg Art Prize

Lionel Sabatté, ganador del Luxembourg Art Prize 2020

Lionel Sabatté nació en Toulouse (Francia) en 1975. Vive y trabaja en París (Francia) y en Los Ángeles (California, EE. UU.). Se graduó en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes de París en 2003.

Los artistas que le inspiran son: Alberto Giacometti, Pierre Soulages, Thomas Houseago y Paul Rebeyrolle.

Gana la cantidad de 50 000 €, abonada en su cuenta bancaria, y las felicitaciones del museo y de los miembros del jurado. Puede hacer uso de este dinero como desee.

La esfera de lo vivo, así como las transformaciones de la materia por el paso del tiempo están en el centro del trabajo del artista, que comienza desde hace años un proceso de recolección de materiales que llevan la huella de una vida: polvo, ceniza, carbón, pieles muertas, tocones de árboles, etc. Estos elementos se combinan de forma inesperada y las obras así creadas presentan una delicadeza, pero también una «inquietante singularidad», dando vida a un bestiario híbrido en el que criaturas de las profundidades abismales coexisten con pequeños pájaros de islas oxidadas, osos, lobos, emús, búhos, así como unicornios…

Lionel Sabatté, que trabaja la pintura, el dibujo y la escultura, intenta hacer dialogar al conjunto de sus obras en una interconexión permanente. Su investigación sobre lo mineral, lo animal, lo orgánico, en definitiva, da lugar a obras poéticas, sensibles, inquietantes y que participan en una reflexión global sobre nuestra condición y el lugar que ocupamos en nuestro medioambiente.

«El reciclaje activista de Sabatté no se resume en un problema ecológico o medioambiental. Podemos aventurar un «salto» salvador. Este reciclaje tal vez demostraría un juego de inquietudes para la supervivencia de lo vivo, la espera de un sobresalto para la escapada anhelada de una implacable condición existencial informulable a partir de ahora, en los términos simplemente «humanistas» de la posguerra. Las recogidas de «motas de polvo» en la estación de metro de Châtelet en París, la recopilación de pieles muertas en centros de pedicura para encajarlas en chatarras, madera, cemento, árboles muertos, recuerdan la industria de los traperos de antaño y la actividad de recogida por parte de niños y mujeres que buscan en los montones y las montañas de basura de vertederos ilegales de África y Asia cosas para consumir, intercambiar y vender, con el fin de sobrevivir. El trapero, evocado por Baudelaire, la «figura más provocadora de la miseria humana» según Benjamin, es la que recoge todo: «los papeles usados, los tapones, los huesos, los recortes de cartón, los clavos, el cristal roto, los gatos y perros muertos arrojados en la vía pública, en violación de órdenes, el cabello, en pocas palabras, todo lo que se podía vender». En los montones de basura, los vertidos, los residuos, los desechos, Victor Hugo hallaba «la pradera en flor», la hierba verde, la vida. Las obras de Sabatté recorren todos estos registros y nos hace entender, repetidamente, esta valoración de Benjamin comparando al escritor Siegfried Kracauer con esta figura del Lumpenproletariado («proletariado harapiento»): «Un trapero, de madrugada – en el amanecer del día de la revolución». Así es como hay que ver este juego de lanzadera entre naturaleza y cultura en movimiento, aceptando abordarlas, de todas las reflexiones sobre este tema central del pensamiento occidental» — Bernard Ceysson, 2019.

Obra seleccionada:
«Fortuna roja y subcutánea», 2019 - Óleo sobre lienzo. 130 x 130 cm (51 x 51 pulgadas)

Descripción:
«Mis lienzos pintados al óleo y al acrílico abren un diálogo con otros medios en los que mi universo plástico despliega toda su riqueza. Uso colores fundidos entre sí y atribuyo una gran importancia a la dimensión acuosa que aporta a la obra su aspecto orgánico, mineral. A partir de toques vivos y contrastados, me hago eco de las huellas del tiempo, de los cambios naturales permanentes y del movimiento inherente a cualquier forma de vida. Si unos motivos pueden surgir de estas pinturas místicas, cercanas a una estética del caos (en la mitología griega, “Caos” es una entidad esencial de la que nace el universo), se deja volar la imaginación del espectador que puede hallar, en cada lienzo, unas veces un ojo, otras veces un pájaro, una medusa, un paisaje visto desde el cielo o incluso el cielo mismo».

Jenny Ymker
Ganadora del Luxembourg Art Prize 2019

Jenny Ymker nació en 1969 en los Países Bajos. Vive en Tilburg, en los Países Bajos. Asistió a la Constantijn Huygens, Academy of Arts, Kampen (actualmente ArtEZ Zwolle)

Los artistas que la inspiran son: Cindy Sherman, Francesca Woodman, Grayson Perry y Louise Bourgeois.

Esta era su 3.ª candidatura al Luxembourg Art Prize

Recibe una beca de 50.000 € y las felicitaciones del museo de La Pinacothèque y de los miembros del jurado.

«El mundo imaginario puede parecer más real que la propia realidad».

Desde 2013, mi trabajo consiste en tejer fotos en forma de tapiz de Gobelins. En su origen, el término «Gobelin»" solamente podía utilizarse para los tapices hechos en la fábrica de Gobelins, en París. Hoy en día, se utiliza para hacer referencia a los tapices tejidos de forma general. Utilizo el término Gobelin porque me gusta la sonoridad de la palabra, pero sobre todo porque tiene una connotación histórica.

En sus orígenes, los Gobelins estaban destinados a aislar las frías paredes en el interior de los castillos. Muy pronto, sin embargo, la función decorativa de estos tapices se volvió predominante. Tradicionalmente, los Gobelins cuentan historias. Utilizo la forma moderna de esta técnica de tejido ancestral para representar relatos de actualidad.

En mi trabajo, plasmo situaciones para suscitar historias en los espectadores. Trato siempre de no ser demasiado literal, para que el público tenga margen para descubrir sus propias historias. Pienso que evocar historias es importante, porque creo que nuestra capacidad para contarlas es una parte esencial de nuestro ser. Trabajé durante mucho tiempo en el sector sanitario. Allí comprendí que, si una persona ya no era capaz de hablar de un acontecimiento, aunque fuera insignificante, perdía poco a poco la sensación de significar algo, de «contar».

Cuando tengo una idea sobre una nueva obra, intento encontrar un lugar adecuado, pero también la ropa, los zapatos y los accesorios que lo acompañan. En el lugar elegido, escenifico toda la situación y luego tomo fotos con la ayuda de un temporizador o recurriendo a un asistente. Uno de los grandes temas de mi obra es la alienación. Elijo cuidadosamente vestidos, bolsos, zapatos del pasado. Con ellos, quiero reforzar el sentimiento de alienación del entorno. Esta lógica es la que sustenta también mi decisión de tejer en lugar de imprimir.

Mis obras son en cierto modo representaciones personales que inmortalizo en foto. En todas mis obras, yo misma soy la modelo. Por supuesto, es práctico, porque yo estoy siempre disponible. Pero para mí, también es una parte esencial del proceso creativo: crear un «mundo» determinado y formar parte de él yo misma en ese momento preciso, para vivir esa situación por un instante.

Cuando consigo una buena imagen, la transformo en motivo de tejido. Con el tejedor, elijo los colores adecuados para los hilos de lana y algodón. Luego se tejen algunas muestras. Basándome en estas muestras, todavía puedo hacer modificaciones y ajustes, tras lo cual se teje el Gobelin final. Dependiendo de la imagen, determino si el Gobelin debe tejerse en color o en blanco/negro/gris. En algunos Gobelins, bordo partes de la imagen para resaltar ciertos elementos y servir de apoyo al tema de la obra.

Adoro la técnica de tejido de los Gobelins y el bordado, porque me encanta el laberinto de hilos de colores que, en su conjunto, forma una imagen. Utilizo el encanto del material para que los espectadores se acerquen hasta darse cuenta de que lo que represento no siempre es tan bonito.

Obra seleccionada:
«Vervlogen (Bygone)», 2018, Artes Decorativas, Gobelin (Tapiz tejido, lana y algodón), 193 x 291 cm (76 x 115 in)

Descripción:
«Este tapiz habla de soltar lastre».

Ludovic Thiriez
Ganador del Luxembourg Art Prize 2018

Ludovic Thiriez nació en 1984 en Francia. Vive en Hungría con su esposa e hijos. Es principalmente autodidacta y asistió a un programa de pintura durante un año en la Escuela de Bellas Artes de Budapest (Hungría). Los artistas que lo inspiran son: Adrian Ghenie, Albert Oehlen, Cecily Brown, Gerhard Richter, Marlene Dumas, Maurizio Cattelan, Michaël Borremans, Neo Rauch y Peter Doig.

Era la primera vez que participaba en el Luxembourg Art Prize.

Gana la cantidad de 25 000 €, abonada en su cuenta bancaria, y las felicitaciones del museo y de los miembros del jurado. Puede hacer uso de este dinero como desee.

Su planteamiento artístico:

La vida es una acumulación de experiencias y sentimientos. Es a partir de esta idea que he encontrado un proceso creativo en mi pintura. La idea es superponer diferentes elementos y estilos para crear un nuevo equilibrio.

Me pasé la infancia soñando. Mis padres siempre me decían que tenía la cabeza en las nubes. Hoy, con cierta retrospectiva, recurro a la imaginación de mi infancia y de los cuentos. Mis inspiraciones vienen a menudo de fotos antiguas o de mis propias instantáneas.

El uso de bordados y animales es muy común en mis pinturas. Los bordados hacen referencia a la transmisión de conocimientos entre generaciones. En Hungría, donde resido, cada región tenía sus propios motivos y su estilo. La calidad de los bordados presentes en una casa destacaba las cualidades y los conocimientos de la mujer. Este conocimiento se transmitía de madre a hija.

Los animales forman parte del imaginario de los niños y están muy presentes en los cuentos. Los utilizo como símbolo narrativo para mis propias historias, a veces se convierten en personajes por derecho propio.

La infancia es un espejo fabuloso de la humanidad, donde encontramos dulzura, juego, violencia, ternura, libertinaje, preguntas, amor, etc. Una materia en estado bruto que el tiempo moldea. El niño se da cuenta poco a poco de su condición de persona con gran pureza e ingenuidad. Este instante es el que trato de capturar en mi trabajo e investigación. Observo esta transición, elijo mis momentos, reubico a mis sujetos para transcribir una sensación. Michaël Borremans, pintor contemporáneo al que admiro, dijo en una de sus exposiciones que cuantas menos explicaciones necesita una pintura, mejor es. Cuando «instalo» diferentes elementos en un lienzo, siempre trato de tener en cuenta esta idea. Es muy difícil y emocionante componer, saber en qué momento termina o continúa la historia. A veces, mis lienzos se cargan de forma natural, a veces quedan muy refinados según la sensación que se desprende de ellos a medida que pinto.

Obra seleccionada:
«Le garçon du voisinage» (El chico del vecindario), Acrílico, tinta, óleo sobre lienzo de lino, 140 x 170 cm

Descripción:
Vemos a un grupo de niños sonriendo y divirtiéndose, se ríen. También está este niño tratado de manera más abstracta: «el vecino», parece estar más en guardia y menos tranquilo. Otro niño señala algo situado fuera del lienzo, algo que también puede haber asustado a los pájaros. Y luego esta línea amarilla, un boceto, una construcción geométrica temporal, que está en medio del pantano como en un sueño, que se escapa y se mueve hacia otra cosa.

Jarik Jongman
Ganador del Luxembourg Art Prize 2017

Jarik Jongman nació en 1962 en Ámsterdam, Países Bajos. Vive y trabaja en Ámsterdam. Los artistas que lo inspiran son Adrian Ghenie, Anselm Kiefer y Peter Doig. Es egresado de la Academia de Artes de Arnhem, Países Bajos. Trabaja como camarero.

Segunda candidatura en el Luxembourg Art Prize (2016, 2017)

Gana la cantidad de 25 000 €, abonada en su cuenta bancaria, y las felicitaciones del museo y de los miembros del jurado. Puede hacer uso de este dinero como desee.

En su obra, a lo largo de estos años, el artista ha estado fascinado por los conceptos de fugacidad, ontología, religión e historia. Muchas de sus obras se relacionan con la arquitectura bajo una u otra forma: habitaciones de moteles, salas de espera y edificios en mal estado, a menudo sin presencia humana, que suelen provocar sentimientos de nostalgia y contemplación y que sin duda poseen un toque sobrenatural o de acto prodigioso.

En su último trabajo, destinado específicamente al Luxembourg Art Prize, se centra en lo que él percibe como el principal desarrollo trágico de nuestra época. Como sucede con todos los cambios de paradigma, las bases se han sentado hace varios decenios y asistimos a un desarrollo de un desasosiego cada vez mayor.

La presión socioeconómica, la inmigración, la crisis de los refugiados, el terrorismo internacional y los problemas climáticos causan ansiedad a nivel global. Bajo el sentimiento de temor y de falta de control que ocasionan estos problemas, aflora nuestra sociedad de la posverdad, personificada como ningún otro por Donald Trump, presidente de los Estados Unidos.

El artista recurrió al modernismo o, de manera más concreta, a la arquitectura modernista, como punto de partida de la idea de que representaba un espíritu más bien utópico, que abarcaba visiones ideales de la vida y de la sociedad humana, así como una creencia en el progreso. Al modernismo le preocupaba en particular la aproximación de una nueva forma arquitectónica y de una reforma social, que creaba una sociedad más abierta y transparente que cree en la perfectibilidad humana en un mundo sin Dios.

El fortalecimiento del dominio de José Stalin en la Unión Soviética impulsó al gobierno soviético a rechazar el modernismo en razón de un supuesto elitismo. El gobierno nazi de Alemania consideró que el modernismo era narcisista y absurdo, en el mismo plano que los «judíos» y los «negros». Los nazis expusieron pinturas modernistas junto a obras de enfermos mentales en una exposición titulada «Arte degenerado». Las acusaciones de «formalista» podían acabar con una carrera o provocar consecuencias aún peores. Por esta razón muchos modernistas de la generación de la posguerra consideraron que eran el baluarte más importante contra el totalitarismo, el «canario en la mina de carbón».

Los cuadros presentados por el artista en el Luxembourg Art Prize abordan estas ideas. El objetivo es transmitir una sensación de inminencia, en la que el fuego desempeña un papel importante. El fuego es el antiguo símbolo de la transformación, una constante metafísica del mundo.

Estos edificios y estas mansiones, con un significado más amplio, pasando de la simple funcionalidad a un estado icónico y simbólico, el artista los describe como estructuras sublimes, transcendentes, codiciadas y amenazadas por fuerzas impenetrables y amenazadoras.

El sentimiento de amenaza es palpable; fuerzas impenetrables y amenazadoras invaden este símbolo de modernidad e iluminación.

"It’s Gonna be Great, it’s Gonna be Fantastic" - 2017 - Óleo sobre paneles - 180 x 244 cm

John Haverty
Ganador del Luxembourg Art Prize 2016

John Haverty nació en 1986 en Boston, en los Estados Unidos. Es de nacionalidad americana y vive en Massachusetts, en los Estados Unidos. Se inspira en artistas como Dieric Bouts, Hieronymus Bosch y Salvador Dalí. En 2015, cursó un máster en Bellas Artes en la Savannah College of Art and Design, en Savannah, Georgia; y en 2010, se diplomó en Bellas Artes en la Universidad de Massachusetss, en Amherst, Massachusetts. Trabaja en una compañía aérea.

Gana la cantidad de 25 000 €, abonada en su cuenta bancaria, y las felicitaciones del museo y de los miembros del jurado. Puede hacer uso de este dinero como desee.

Próxima al chamanismo, la pintura de John Haverty encierra una fuerza introspectiva muy visible. "Cada pintura es un viaje personal para mí." Apegado a los álbumes retro de los años 60-80, la cultura del skateboard y la cultura Hot Rod, el artista mezcla sus intereses con sus viajes, "aunque yo prefiero que cada uno contemple mi arte por sí mismo, se forme su propia opinión e incorpore su imaginería a mis obras".
Lunáticos, extraños, mágicos, bellos o feos… Todo depende. Así son los dibujos de John Haverty: "cuando trabajo, me pierdo. Soy como un niño curioso en un país de maravillas psicodélicas". Sus lápices pueden pasar horas en los detalles, en líneas que hipnotizan. Cada línea o punto es importante para él, convirtiendo su trabajo de una pintura compleja. Pero rara vez la idea que lo guía es completa, "cada día es diferente, lo desconocido forma parte del proceso creativo. Como cada día es diferente, cada estado de ánimo es diferente". Más tarde, cuando contempla la pieza terminada, se encuentra con los sentimientos y pensamientos que han surgido durante este viaje: "Tengo fotos que muestran la realidad de mi pasado, pero mis cuadros muestran los sentimientos de mi pasado".
Así es como surgió su proyecto monumental, un cuadro gigante que comenzó en 2013: Gangrene. "Mi arte, como la infección, es algo que sigue creciendo de forma orgánica. Gangrene presenta un festín visual ambiguo, que pone de relieve los problemas embarazosos de la sociedad...".
Gangrene es una obra visualmente violenta que atrapa imperturbablemente. La mayor parte de las pinturas que componen el mural fueron creadas entre los veinte y treinta años –un periodo confuso lleno de frustración para muchas personas–, y sus pinturas transmiten muchos sentimientos. Sin embargo, John Haverty no se considera una persona enojada, las razones de esta violencia tienen otros orígenes: “cuando era adolescente, veía un montón de películas de terror. La emoción de sentir miedo y el amor por los monstruos clásicos, junto con mis viajes, me influyen considerablemente. En Cabo Cod, mi casa de la playa es bastante siniestra, y a veces siento que estoy en presencia de espíritus. Creo que de alguna manera me interesan estos temas."
A través de su monumental obra, el pintor presenta obras inmersivas ante las cuales el espectador se implica tanto física como psicológicamente. "Tengo problemas para explicar mis pinturas con palabras. Para mí, el interés es visual. Mi objetivo es captar la atención del espectador durante más de unos pocos segundos."

Circus”, 2015, serie “Gangrene”, lápiz y acuarela sobre papel, 120 x 120 cm, única

Albert Janzen
Ganador del Luxembourg Art Prize 2015

Albert Janzen, nacido en 1989 en Sibirskij (Rusia) tiene 26 años, es de nacionalidad alemana y vive en Ámsterdam (Holanda). Se inspira en artistas como Gerhard Richter, Cy Twombly, Zao Wou-Ki y Antonio Murado.

Gana la cantidad de 10 000 €, abonada en su cuenta bancaria, y las felicitaciones del museo y de los miembros del jurado. Puede hacer uso de este dinero como desee.

Analizo los aspectos fundamentales de las imágenes, es decir, la línea. Las líneas son las formas más intuitivas de percibir y entender nuestro entorno. La identificación de todas las estructuras visuales está supeditada a la identificación de las líneas. Esta dependencia se debe a la absoluta simplicidad de las líneas: son tan simples, que nada puede ser concebido sin ellas. Todo puede construirse con líneas, pero nada construye las líneas. El único candidato a una estructura subyacente a la línea es el punto, y puesto que los puntos constituyen elementos importantes de mis dibujos, los considero igualmente esenciales. La extrema simplicidad de la línea proporciona una estética independiente. No representa una idea porque no está construida por nada más que por ella misma. Para revelar su poder estético, la línea debe ser su propio referente. Dibujo líneas no para construir algo, sino simplemente para dibujar líneas. Las formas y los motivos que aparecen en mis dibujos tienen como única intención plasmar los movimientos de las líneas. El espectador que observa mis líneas se enfrenta a una entidad independiente.

Albert Janzen

Sin título, 2015. Cinco rotuladores negros sobre pizarra (obra efímera fotografiada antes de su destrucción). Impresión en Forex. Obra única. Edición 1/1. 150 x 200 cm

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